Cuando existe una gran ilusión, se disfruta del último día como del el primero.
Basado en hechos reales.
AUTOR: Luis Revaliente Lopez.
El despertador sonó como cada domingo de temporada a las seis de la mañana. Amanecí con fiebre y el primer impulso fue llamar a la cuadrilla y quedarme en la cama, pero sabía que unas horas después no podría perdonarme haber faltado a la última cita de este año con las patirrojas. El día 10 de enero la nieve había madrugado más que la cuadrilla y alfombraba los campos castellanos. Con demasiados achaques y tapados por excesiva ropa la cuadrilla se abrió en mano por última vez esta temporada. La primera liebre saltó de la tronca de una oliva al poco tiempo de comenzar pero por lo que a mí respecta es una de las que criará este año,porque no la toque. Idéntico criterio le podemos aplicar a una perdiz que levantada por otra cuadrilla y con el viento de cola paso casi por mi vertical rozando la barrera del sonido. La fiebre seguía en aumento y mis fuerzas se reducían precipitadamente. Decidí cambiar de estrategia y disfrutar de mí último día cazando reposadamente, sin prisa, como si fuesen las cinco de la tarde de uno de esos días de brega en los que nos mantiene la inercia. Busque los lindazos con maleza cubiertos del aire y bañados por el sol y dejé que MI PERRO (Es un gran perro) los registrase a sus anchas. En una esperilla ancha cubierta de paja alta y con un majano en el centro "Yaco" se quedo de muestra. Se trataba de una muestra firme de esas que no dejan lugar a dudas. Una vez más esta temporada me acerque al perro, después de una mirada de complicidad dos pasos firmes y LA PERDIZ rompió el aire. El exceso de ropa me dificultaba la toma de puntos, pero sabía que era la ULTIMA PERDIZ DE ESTE AÑO. La nuvecilla de plumas en el aire y el alegre cobro de "Yaco" hicieron que valiese la pena, el frío, el madrugón y los cinco días de cama que necesite para recuperarme del gripazo. Una liebre perezosa vino a redondear la percha del último día de caza menor de esta temporada 98/99. Diez meses pasan pronto y nuestras perdices los necesitan para criar con tranquilidad y así poder brindarnos la maravillosa experiencia de abatir la PRIMERA PERDIZ DE LA TEMPORADA QUE VIENE.