Volver al indice de Relatos.DESPUES DE TODO......... SE ESCAPO


Nuestro Amigo Luis nos vuelve a deleitar con otro relato fantástico, en el cual nos cuenta una experiencia habitual y irritante pero a la vez gratificante si sabemos, como el Autor, sacarle la parte positiva de la jornada. Un bonito relato para poder aprender, que por muy mal que se nos de, siempre hay una parte positiva.


Basado en hechos reales.

AUTOR: Luis Revaliente Lopez.


El pasado sábado día 19 de diciembre asistí a la tercera montería del lote que adquirí a principio de temporada y que se celebran en un pueblo de Guadalajara.
En honor a la verdad debo aclarar que en este caso no se trataba de una montería formal sino de un gancho de amiguetes.

A la vista del reducido número de asistentes se procedió a un sorteo sin excesivo rigor para determinar más que los puestos las armadas en las que debíamos colocarnos las pocas escopetas que nos dimos cita en el mencionado evento cinegético.

Cada grupo alrededor de las once treinta se encontraba de camino hacia el lugar que nos había deparado la suerte.
Dado lo escarpado del terreno el postor me preguntó si no me importaba que dejásemos a la gente que tenia más dificultades para caminar en los primeros puestos. No tuve ningún inconveniente y me coloque en el penúltimo puesto de la armada.

La suelta se efectuó sobre las doce de la mañana y al poco tiempo se escucho una ladra que parecía dirigirse hacia la zona que me tocaba cubrir pero en pocos segundos todo se desvaneció. Los perros llegaron al poco rato dando muestras de haber perdido el rastro del motivador de sus ladridos.
En la zona de solana donde me encontraba y al abrigo del aire la mañana transcurría plácidamente, las torcaces me brindaban entretenimiento efectuando espectaculares quiebros tras descubrir mi presencia.

A eso de las tres y cuarto comencé a recoger parte del chiringuito. Me gusta tener el puesto organizadete a falta de descargar y guardar el rifle cuando los postores vienen a recogerme.
No se había escuchado ni un solo disparo en el transcurso de la montería. El sonido del río que a mis espaldas tenia un salto de agua fue mi único compañero hasta el instante en que escuche el rodar de unas piedras en la torrentera que bajaba al rio. Pense que se trataba de algún perro despistado que volvía por el rastro, pero instintivamente miré hacia el lugar de donde provenía el ruido mientras alargaba la mano para coger el rifle que se encontraba en el suelo.
El cochino apenas asomaba la cabeza detrás de la carrasca y me miraba. Me incorpore despacio me eche el rifle a la cara y cuando el cochino comenzó el tornillazo sonó el estampido del 300. Una polvareda importante y la carrera del cochino ladera abajo. Me asomé al cortadero y le apunte nuevamente, cuando apreté el gatillo no se produjo la detonación la vaina se encontraba atravesada en la ventana de expulsión. Tirones desesperados del cerrojo mientras el cochino seguía poniendo metros de por medio, por fin quemándome la mano conseguí arrancar la vaina del cerrojo, pero era demasiado tarde mi amigo se había desvanecido en la espesura del monte.
Poco después un perro llego a mi puesto siguiendo el rastro del cochino. Anime al perro con la esperanza de haber enganchado al guarro con mi primer disparo y bajamos por la torrentera hasta el río. Nada de nada. El perro insistía machaconamente en subir y bajar por aquel pasaje angosto sin querer dejarme. Pero no había ningún indicio de que mi bala hubiera cortado pelo.

He tenido que esperar dos años para tener la oportunidad de disparar de nuevo a un cochino y la fortuna no ha querido que me quedara con él. Me consta que era cochina porque en los pocos instantes que nos miramos no vi blanquear sus colmillos y tan solo deseo que traiga a este mundo un buen número de rayones para que algún día tal vez dentro de otro par de años la fortuna me depare otro lance inolvidable que ¡Ojalá! tenga un desenlace distinto al que en esta ocasión os relato.


 

 
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