LAS
REHALAS
EL ARTE DE CAZAR CON LA AYUDA DE LOS PERROS
Existen
muchas formas y maneras de realizar el arte de la caza, pero hay una
en particular, que se desarrolla con la ayuda del mejor amigo del
hombre, el Perro.
No vamos a descubrir
nada nuevo de este animal, enumerando sus múltiples características
y cualidades, pero si podemos hacer una pequeña introducción
en una faceta de la caza, la cual sin la ayuda de este, no sería
lo mismo.
La utilización
del perro para cazar, no es algo moderno o actual, todo lo contrario.
Existe documentación suficiente como para saber que la caza
se realizaba desde que se conoce la existencia del hombre, y que este
se ayudaba de perros. Hoy en día, se sigue empleando la mismas
técnicas de caza que realizaban nuestros antepasados, pero,
el papel que esta desarrollando el avance tecnológico, hace
que cada vez la caza sea mas sofisticada
y, si me lo permiten, artificial. Un ejemplo de que la tradición
no deja pasar a la tecnología, son las rehalas;
su definición obtenida en el diccionario es: “ jauría
o agrupación de perros que se utilizan para la caza mayor ”,
aunque no siempre se emplee para este tipo de caza. Lo cierto es que
hoy estamos un poco mas familiarizados con esto gracias a los medios
audiovisuales, que nos han podido aportar imágenes como la
caza del zorro en el Reino Unido, en la que se sigue conservando la
tradición en la forma de vestir para practicar la caza, como
la utilización de los perros para la práctica de la
misma.
Pero, ¿qué
tipo de perros se utilizan en las rehalas?.
¿Qué características han de tener? ¿Cuántos
perros se utilizan?
Dentro de las
rehalas, se han de diferenciar dos tipos
de perros, los rastreadores y los de agarre.
Cualquier perro con un poco de adiestramiento, puede hacer estas dos
funciones, pero hay varias razas, que realizan este acometido mejor
que el resto, por sus características
Dentro del variado
grupo de perros rastreadores, hacemos una
mención especial a los
sabuesos,
considerados como los mejores rastreadores que existen; son magníficos
y muy constantes en su labor de localizar caza. En su defecto, indicamos
que es algo “tozudo”, pero no quita a que desarrolle mejor
que ningún perro, la labor mencionada. Los podencos,
ibicencos y mastines,
formarían un grupo inmejorable como perros de agarre, atosigando
a la pieza encontrada e incluso atacando con sus potentes dentaduras
a los animales. Con todo esto, podemos decir que una rehala,
idónea, estaría compuesta por un mínimo de 6
perros y un máximo de 25, variando el número dependiendo
del propietario de la misma. También pueden intervenir mas
rehalas en la misma cacería, dependiendo
de la caza a efectuar y del número de cazadores.
Y para comprobar
como trabajaban los perros en una montería, nos han dado la
oportunidad de participar en una realizada en la provincia de Segovia,
donde ha crecido el número de jabalíes considerablemente.
Desde muy temprano, fueron llegando los cazadores y las rehalas.
El ladrido de los perros con ganas de empezar su búsqueda,
y el frío que helaba las caras, hacía sentir un “gusanillo”
en el cuerpo, y entre cafés calientes de termo y algún
dulce, esperamos a que se realizara el sorteo para adjudicar los puestos;
una vez realizado el sorteo, nos dirigimos al asignado. Vivimos momentos
emocionantes, y pude comprobar dos agarres espectaculares, donde los
perros mantuvieron una fuerte disputa con varios jabalíes,
saliendo triunfadores de su trabajo;
en
una de estos lances, un mastín recibió un “navajazo”
en un intento de huida de un jabalí; por suerte, sólo
le tuvieron que dar unos puntos en una de las patas traseras. El dueño
del perro, nos contó también que había visto
a un jabalí, dar un “navajazo” a un cazador, cuando
este, creyendo que estaba agonizando, intento dar muerte al “guarro”
con un machete. Tuvo que recibir mas de 50 puntos de sutura en una
de sus piernas.
Son muchas la anécdotas que existen sobre la caza con perros,
y podríamos llenar páginas enteras con sus hábitos
de búsqueda, su forma de morder a la pieza, o su forma de avisar
a los cazadores sobre la presencia de caza, pero eso lo dejaremos
para otro momento. Pero destaco sobre todo,
el
trabajo incansable de los sabuesos desde primera hora, siendo fieles
a las labores encomendadas y constantes en su trabajo, hasta el toque
de retirada, la fuerza de los mastines, que hacen ceder al mayor de
los “guarros”, y a la gran comida que nos dimos, en este
día que, a pesar del frío reinante, fue intenso y lleno
de grandes sensaciones.